Tan importante como identificar y manejar las herramientas y metodologías para facilitar, e incentivar, el aprendizaje de los más pequeños, es conocer cómo se desarrolla ese aprendizaje.

Según nuestro compañero, David Cuadrado, escritor, coach profesional y formador, existen 3 parcelas bien delimitadas en este proceso: Lo que llamamos la zona de desarrollo real, es decir lo que un niño es capaz de hacer por sí solo gracias a sus propias habilidades y actitudes: por ejemplo, aprender a decir palabras nuevas a través de la repetición y la contextualización de lo que experimenta a diario a su alrededor. La zona de desarrollo potencial: lo que el niño podría llegar a aprender con la ayuda de un adulto experto: Por ejemplo aprender un nuevo idioma siguiendo las indicaciones de su profesor/a. Y la zona de de desarrollo próximo (o proximal), que se sitúa entre las dos anteriores y abarca todo aquello que el niño todavía no está suficientemente preparado para hacer por si mismo… pero casi.

 

El auténtico desarrollo maduro se alcanza a través de esa tercera fase de desarrollo próximo, o proximal, que es la que requiere un mayor esfuerzo de las tres, y, a la vez, la más efectiva. En esta tercera fase existe una estimulación externa que se ocupa de reforzar y recompensar los esfuerzos del niño y potenciar así su interés por el propio aprendizaje, y es precisamente esta zona la que permite a los niños, de una forma natural, aprovechar al máximo sus capacidades y les estimula a buscar nuevos aprendizajes y desafíos, manteniendo su curiosidad despierta.

Eso es lo que nos propone David Cuadrado, nuestro psicólogo y formador, en su libro “Coaching para niños ( o mejor dicho, para padres)” Una obra que propone utilizar las herramientas desarrolladas en principio, para implementar el coaching en los equipos de trabajo adultos de las grandes empresas y ponerlas a disposición de los padres, para lograr un aprendizaje más fluido y una relación más directa con sus hijos.

En definitiva, se trata de incorporar el coaching como herramienta de aprendizaje en las aulas, y también en la escuela, para estimular a los alumnos, o a nuestros hijos, a buscar soluciones prácticas a los problemas a través del desarrollo progresivo de habilidades y del aprovechamiento de herramientas testadas en entornos adultos, que van a poder utilizar a lo largo de toda su vida y que persiguen reforzar su liderazgo y su confianza, trabajar su auto percepción y alejarles de sus miedos a través de una visión positiva.